sábado, 19 de enero de 2013

Por Córdoba, Übeda y Baeza


Ver Córdoba y alrededores en un mapa más grande
¿Qué decir de Córdoba, Ubeda y Baeza que ya no se haya dicho? Difícil y complicado, pero lo que seguro es que nosotros no hemos dicho nada al respecto nunca, porque hasta antes de ahora no habíamos tenido el placer de estar por allí. ¡Y lo que nos habíamos estado perdiendo!
El comienzo de esta excursión fue un tanto extraño para nosotros, pues si exceptuamos unos pequeños apuntes y dos lugares de pernocta en Córdoba, no llevábamos preparado nada. Extraño para mí, pues me gusta llevarlo todo atado y bien atado, aunque luego sale como el destino quiere, que no sería la primera vez que nos pasa y espero que tampoco la última.
Ya pertrechada y con todos los bártulos en la AC, ya montados ambos dos en la autocaravana, nos hicimos la pregunta: ¿dónde vamos?
Quizás aquí, quizás allí. Llegar a un balneario conocido no era el lugar preferido de mi guía privada. Le sugerí, ya que la incertidumbre se apoderaba de nosotros, Córdoba y alrededores, doscientos y muchos kilómetros de distancia, pero un lugar totalmente nuevo para nosotros, aunque teníamos ciertos recuerdos de cuando jóvenes adolescentes habíamos estado por allí.
Pues dicho y hecho, dirección sur-sureste. Navegador dirección Córdoba y la A66 hasta el cruce de Zafra y luego la N432 se abrieron para nosotros.
El día estaba soleado, quizás un poco frío, pero dentro de la AC se iba de maravilla. Control de velocidad de pie y los 100 km/h como velocidad de crucero. ¡Qué bien se va a esa marcha!
La idea era llegar alrededor de la una del mediodía, pero como casi siempre, la hora de salida no se cumplió. Así que llegamos cerca de las cuatro a Córdoba y al camping El Brillante media hora después, atravesando media Córdoba, otro hecho que no queremos hacer nunca, pero que el destino siempre nos lleva por el mismo centro de las ciudades. Estoy empezando a sospechar que más bien es el TOMTOM tonto. El caso que una vez que nos instalamos, comimos algo y nos relajamos, cuando quisimos comenzar la visita a la ciudad de Córdoba eran las seis de la tarde y anocheciendo.
El autobús nº 11 nos dejó justo enfrente de El Corte Inglés de Córdoba. Desde allí y con las calles iluminadas con motivos navideños comenzamos nuestros primeros pasos por la ciudad.
De noche, las perspectivas de los lugares es distinta, si a eso le añadimos que era 4 de enero, el gentío crecía por momentos. El frío se hacía notar con más intensidad conforme avanzaba la noche y un chocolatito con churros en un bar atestado de personal nos hizo empezar la visita nocturna a la ciudad un poco más caliente de lo que la temperatura indicaba..
Debo decir a partir de aquí que mi guía personal es incansable. Es verdad que eran nuestros primeros pasos por la bella Córdoba, pero entre el gentío, el frío y un "horrorozo" dolor de lumbares que padezco desde hace unos días cuando doy cuatro pasos, me tenían a mal traer. Pero la guía imperturbable. La verdad es que gracias a ella he visitado, no solamente esta vez, sino también en otros viajes, lugares que quizás por motu propio habría dejado para mejor ocasión.
La estrechas calles de la ciudad antigua fueron todas holladas por nuestros zapatos aquella noche. Estaban bien vestidas con luces navideñas por doquier.
Naturalmente, a aquellas horas todos los monumentos estaban cerrados, así que todos nuestros pasos fueron dados por las calles y callejuelas del centro histórico, además de una buena parte de ellos por los escaparates de las tiendas y almacenes de la zona.
El día estaba siendo largo, no en vano, abrimos los ojos el Chusky y yo a la misma hora de todos los días, a las 7 de la mañana en punto, hora de visita al baño perruno, hora de levantarnos todos los días del año, sin respeto a fiestas de guardar ni vacaciones navideñas. Qué se le va a hacer, dicen que es nuestro "niño", yo más bien diría que es "mi niño".
Tomamos de nuevo el autobús nº 11 de regreso a El Brillante, que en Córdoba no es que todo el mundo conozca el Camping El Brillante, pero si que hay una larga avenida con ese nombre y una de las paradas de esa línea de autobús urbano es Avenida El Brillante, Camping.
Pues si digo que nos quedamos solos en el camping aquella noche no mentiría en absoluto, pues una AC holandesa cercana a nosotros había desaparecido.
La noche fue muy tranquila, acogedora y fría; eso sí, sólo en el exterior, porque dentro pusimos nuestras calefacción y dormimos a pierna suelta después de una frugal cena.

Naturalmente que estando de vacaciones, no se debe uno levantar temprano, algunos, claro, así que el desayuno típico autocaravanero, tostadas recién hechas con mantequilla y mermelada o aceite de oliva, jamón y ajitos, a elegir, seguido de una buena taza de café recién hecho, nos animó para emprender de nuevo la ruta por Córdoba, esta vez diurna y soleada.
La lección la teníamos bien aprendida y llegamos al Centro en quince o veinte minutos. Seguimos el protocolo marcado por la que sabe y buscamos la Oficina de Información (Plaza de las Tendillas, s/n). Nos permitimos relajarnos bajo los rayos del Sol en la misma plaza, mientras esperábamos la apertura de la Oficina de Información con un humeante y agradable café con leche. Nos entregaron todo el material necesario (planos, horarios, etc) para encontrar los principales monumentos a visitar, así como una somera explicación de los lugares de tapas, monumentos que visitaríamos algunas horas después por pura necesidad.
Emprendimos nuestros pasos hacia el lugar turístico por excelencia de la ciudad de Córdoba, la Mezquita-Catedral, claro que mientras tanto la ciudad antigua nos saludaba a cada paso. Recordábamos ciertos lugares por donde deambulamos la noche anterior, diferentes, parecían asomarse a nuestros ojos tras el agradable Sol que nos alumbraba aquella mañana, fría, pero estupenda.
Creía haber estado alguna vez en Córdoba, pero no encontraba en mi memoria ningún recuerdo que fuera parecido a lo que veía. ML recordaba haber estado más jovencita que ahora  con sus padres.
La torre catedralicia que enmascara el antiguo minaretef de la mezquita original preside todo el entorno. El patio central da paso al interior de la mezquita-catedral. Tuvimos la gran suerte de encontrarnos con nuestra primera novedad en este viaje. Algo singular. Nos unimos a un grupo para que un guía experto nos explicara de una manera muy didáctica todo lo que estábamos viendo y lo que no veíamos hasta que sus palabras expertas no lo hacían ver. Mereció la pena los cuatro euros por persona que nos costó la experiencia. Muy útil y si me apuro hasta necesaria, puesto que de las audioguías tenemos algo de experiencia y de ir "a pelo" sólo con la explicación de un folleto o de datos sacados de internet tenemos muchísima. Esto del guía humano fue muy interesante y hasta divertido.
Después de una hora de paseo y charla erudita sobre la mezquita, la catedral y sus correspondientes hechos históricos y religiosos, nos quedamos paseando pausadamente por el interior de la mezquita reobservando y saboreando aquello que nos habían ido explicando, además, claro está, de hacer un par de decenas de fotografías más.
Casi estábamos fuera de hora de comer. Casi las tres nos dio paseando por la enmarañada red de callejuelas del casco antiguo. Muy buena idea esto de las tapas. Por fin nos decidimos por un restaurante y, como no, pedimos berenjenas a la miel, recomendada por una buena amiga; no nos decepcionó, como tampoco lo hicieron las varias que al final cayeron, no sólo en un restaurante, sino que al final, por la cosa de probar otra cocina, entramos en otro más. No escribo el nombre, porque simplemente no nos acordamos, pero supongo que serán todos los de la zona poco más o menos, estupendos.
La tarde era nuestra, aunque de esta no quedaba mucho.
Como era el día 5 de enero, el centro de Córdoba estaba preparado para la Cabalgata de Reyes. Anduvimos hasta el puente romano. Aunque de esto ya tenemos en Mérida el más largo del mundo mundial, este está bastante bien. Un gran gentío provenía del otro lado del río Guadalquivir, porque de allí salía la gran cabalgata de los Reyes Magos de Oriente.
Se nos hizo de noche paseando por la intrincada red de callejuelas del centro histórico.
A las nueve y algo regresamos en nuestro nº 11 al Camping El Brillante. Varias ACs se habían ido acumulando en las cercanías de la nuestra.
Nuestro perrillo aguantó diez horas en el interior de la AC sin huella de haberse portado mal. ¡Qué bueno es!.
Tras un rato de charla, cena y lectura, cansados decidimos que el día había terminado.

Amaneció el día de Reyes. Despejado, pero frío, frío. Distinto a otros días de Reyes. Faltaban personas en aquel entorno, que también era distinto. Los hijos crecen y las circunstancias cambian, por eso este día ya no nos cogía en el domicilio familiar estático (porque la AC es nuestro domicilio familiar también, pero dinámico). Tampoco estábamos los cuatro BLOR, faltaban dos, que han crecido y han volado del nido; gracias a Dios todavía vuelven. Acababan de irse un par de días atrás.
El olor a café recién hecho y a tostadas perfumó el interior de la AC. El día hacía ya una hora que había despertado, pero alguno de nosotros todavía mantenían los sentidos aletargados. Desperezándonos poco a poco conseguimos dejar el camping El Brillante poco antes de las doce del mediodía. Vaciamos depósitos y cargamos agua, suficiente para un par de días más. Las baterías  nueva la del habitáculo, supongo que también estarían a tope, porque esto de la electricidad no lo entiendo muy bien. Sólo sé que pagamos del día 5 un completo: dos personas, AC y luz, casi 32 euros. Caro nos pareció, aunque si hablamos de seguridad, estuvimos muy tranquilos todas y cada una de las horas en los que visitamos la acogedora y entretenida Córdoba. Si es por eso, es totalmente recomendable. Aunque no los usamos, sí hicimos una visita a los servicios higiénicos del camping y nos parecieron muy correctos dentro de su antigüedad. En cuanto a los recepcionistas también fueron muy correctos, nos indicaron como llegar al Centro, además de donde estaban todos los servicios para las autocaravanas.

Puestos de nuevo en la carretera. La A4 y luego la N332 nos llevó hasta Úbeda. ¿Alguien sabía que en este viaje íbamos a terminar en Úbeda y Baeza? Pues yo no y la prueba más clara de ello era que no tenía ni idea en donde íbamos a dejar la AC. Tampoco sabía nada de lo que podríamos visitar. Vamos que viéramos lo que viéramos todo sería una sorpresa.
Por la carretera comprobamos con nuestros propios ojos lo que significaba verdaderamente el término "mar de olivos", sobre todo cuando salimos de la A4 y empezamos a rodar por la N332. Verdaderamente es impresionante.
Entramos en Úbeda y preguntamos a un lugareño por un parking céntrico si fuera posible y capaz de albergar a nuestra AC. Sus indicaciones fueron tan precisas que a los diez minumos habíamos dado la vuelta totalmente a la ciudad y llegamos al parking sin perdernos. Un hito para nosotros. Era un tanto inclinado pero con unos aparcamientos en bateria muy largos y suficientemente anchos para que cupiera nuestro vehículo. Estábamos prácticamente en el centro.
Gracias a mi cuñado que telefónicamente nos hizo un par de observaciones que nos sirvieron para situarnos un poco en el terrero. Había estado por allí un par de años antes. La primera recomendación era que nos hiciéramos con el servicio de un guía. Como la mía particular estaba convencida que era una buena idea, así lo hicimos. Por el módico precio de 18 euros cada uno tendríamos guía para Úbeda y Baeza.
Era tarde y recomendados por el quiosquero que nos vendió los billetes de la empresa de guía turístico nos fuimos a comer a un restaurante muy acogedor justo a las traseras del Ayuntamiento y a dos pasos desde donde empezaríamos la ruta turística.
Con la panza llena nos dejamos caer un rato en nuestra AC, alguna, claro, porque otro se quedó pendiente de la hora.
Eran las cinco y comenzamos la visita guiada por el casco histórico de la ciudad. Muy recomendable. Al menos tanto como la de la Mezquita de Córdoba. Durante cerca de dos horas anduvimos tras los pasos de nuestros guía, Pablo de Semer Turismo, creo, mientras que este nos explicaba todo lo que debíamos saber de esta ciudad a lo largo de los siglos, desde los romanos hasta la actualidad. Ciudad importante en las postrimerías del siglo XV con la expulsión de los árabes de España, don Francisco de los Cobos y demás. Merece la pena. Así que no hay que perdérselo.
Al finalizar la visita pedestre nos recomendó visitar el Palacio de los Vela de los Cobos. En cuanto dijo que el actual dueño D. Natalio Rivas Sabater nos lo iba hoy a enseñar, ya dije de esta y a pesar de la hora y el frío que hacía no me libra nadie.
Efectivamente, un personaje singular D. Natalio. Nos recibió en el vestíbulo-patio principal de la casa. Un lugar que era un antiguo patio abierto al cielo, pero que en posteriores reformas, nos dijo, fue cubierto para darle más habitabilidad a todo el interior de aquella casa ancestral. Sólo por observar a D. Natalio merecía la pena visitar aquel palacio. Mediana estatura, pelo blanco, lógico si sabemos que tiene 85 años, tieso, con un abrigo largo, bufanda anudada al cuello y un bastón que no le servía para lo que se supone que debe usarlo una persona de su edad, sino como lápiz apuntador de los utensilios y lugares que nos iba indicando. Nos guió por toda su casa, arriba y abajo, indicando pormenorizadamente los años en que se construyó esto o lo otro, quien construyó, fabricó, pintó, esculpió, escribió cada una de las estancia, objetos, cuadros, esculturas o libros que nos enseñaba. Nos permitió hacer fotografías, ahora bien, siempre y cuando, fueran fotos generales, no a ningún objeto particular. Nos enseñó vestidos de época, libros antiquísimos (nos dijo que es bibliotecario de profesión) y hasta una colección completa de todos los números del periódico ABC, única si exceptuamos la que tiene el propio periódico, pues nos dijo que solamente había dos completas en el mundo.
Si la visita guiada por la ciudad de Übeda mereció la pena, esta estuvo perfectamente a su altura. Imprescindible también.

Nos retiramos a nuestra AC calentita. El frío arreciaba y la noche oscura del alma había caído por completo. Eran las ocho y media. Así que el viaje hasta Baeza, lo dejaríamos para mañana. Nos acomodamos, cenamos frugalmente como casi siempre y nos dimos un poco a la lectura hasta que el sueño nos venció.

Decidimos a llegar pronto a Baeza, esta vez nos levantamos temprano, bastante temprano para nuestra costumbre. Apenas salía el Sol cuando circulábamos ya hacia la siguiente ciudad a visitar. El TOM TOM esta vez nos guió bien- Nos habían recomendado que contorneáramos las ciudad para evitar pasar por el centro entre bolardos. Yo ya me veía pasando otro examen más de conducir ACs, pero no fue necesario.

Nada más entrar en Baeza decidimos desayunarnos unas buenas tostadas andaluzas con aceite del lugar y un buen tazón de café con leche en un restaurante de carretera a la entrada de la ciudad. Esta vez me ahorré hacer el desayuno y mereció la pena. Allí nos comentaron que, a pesar de que era día 7 de enero, lunes, (pero de esos lunes fiesteros por la gracia de que España es así, ya se sabe, domingo 6 de enero, la fiesta se pasa al 7) las cooperativas del aceite de oliva estarían abiertas, porque están en campaña.

Decidimos acercarnos hasta la recomendada por el hermano de ML, pero estaba cerrada. Nos quedaríamos sin el afamado aceite de oliva de Baeza. A las 11, teníamos concertada la visita guiada, así que sin perder tiempo nos dirigimos al centro. Con suerte aparcamos a pocos metros de la Oficina de información donde nos dieron un plano de la ciudad. Esto hay que hacerlo religiosamente, porque así lo marca el protocolo del buen turista.
El día estaba soleado, pero las calles permanecían húmedas y frías.
A la hora fijada apareció la guía de Semer Turismo. No recuerdo su nombre, pero estaba muy documentada sobre la ciudad de Baeza. Nos guió por las callejuelas del casco antiguo explicándonos paso a paso la historia ancestral de Baeza. No pudimos entrar en ningún lugar, por ejemplo en la antigua universidad o en Palacio de Jabalquinto, porque era un día declarado como día de fiesta.
Compramos en una tienda aceitunas machadas, qué ricas, y una garrafa de aceite, porque veíamos que nos íbamos del lugar sin un poquito del preciado oro verde.
Pensando en visitar Medina Azahara, debíamos salir cuando antes hacia Córdoba, pero decidimos dar una última oportunidad a la cooperativa oleícola recomendada. Esta vez tocó el burro la flauta, aunque por casualidad y por la insistencia de mi colega. Cuarenta y cinco litros de aceite de oliva extra estupendo se vinieron con nosotros para casa. Algunos litros eran encargados, otros nos servirían como regalo de Reyes para los mayores de la familia y el resto lo saborearíamos en el calor del hogar.
Almorzamos bastante tarde y descansamos unos minutos en un área de descanso de la A4, lugar donde nos enteramos a través de Internet que no tendríamos oportunidad de visitar Medina Azahara, al menos esa tarde. Dormiríamos en el parking. Por la mañana la visitaríamos y regresaríamos a casa al día siguiente.

Atardeciendo llegamos a Medina Azahara. Está en medio de la nada. El parking cerrado, por tanto, sin posibilidad de quedarnos en ningún sitio. La noche se acercaba y tomamos la decisión de regresar a casa. Como no, el TOMTOM se volvió tonto de nuevo y después de hacernos realizar alguna maniobra poco conveniente, nos llevó por el centro de Córdoba. La verdad es que si hubiéramos visto el típico mapa de siempre nos habríamos ahorrado todo eso, regresando dirección Sevilla y no por la N432.
El caso que con el Sol de frente en ocasiones, por una ruta atestada de tráfico, se nos hizo de noche. A la altura de Azuaga, pasada las ocho de la noche, encontramos un lugar magnífico en este pueblo. Parking céntrico, tranquilo, algo inclinado que salvamos con un calzo (lo siento puristas, pero la necesidad obliga).
Tras un paseo con el caniche, una buena cena y la lectura antes de dormir, dejamos descansar nuestros huesos hasta el día siguiente.

Amaneció algo neblinoso, con una niebla alta que no despejaría en todo el día.
Estratégicamente nos habíamos colocado sin querer frente a un ultramarino (tienda de comestible) del pueblo. Esto nos sirvió para vigilar cómodamente la llegada del panadero. Los bolletes calentitos sirvieron para hacernos unas tostadas ricas, ricas que, junto con el consabido café con leche, nos llenó de energía para llegar hasta casa alrededor de la una del mediodía.

Después de vaciar todos los depósitos y rellenar el de agua potable, llevamos nuestro hogar familiar dinámico a su sitio, donde quedó a buen recaudo, supongo que hasta el próximo viaje que espero no tarde en llegar.

Buen puente de Reyes. Para recordar.

1 comentario:

Cristian dijo...

El hecho de viajar es un placer y me encanta disfrutar de conocer nuevos sitios, por ello trato de quedarme en casa mientras pido comidas a domicilio y planeo mis futuras vacaciones